A veces, cuando alguien me pregunta “¿a qué te dedicas?”, me echo a temblar.
Antes de abrir la boca, se me pasan mil ideas por la cabeza: “¿y si les aburro?”, “¿y si suena aburrido?”.
Un día, en un grupo donde todos contaban sus trabajos de oficina, me sentí pequeña. Yo, que me dedico a limpiar una casa, poner lavadoras, cocinar y cambiar cortinas… nada original. Le pregunté a una amiga: “¿Qué digo? ¿Que fui secretaria 15 años?” Y me respondió: “Sí” Pensé que sonaba más glamuroso, más “interesante”.
Pero algo me dijo: sé sincera. Y lo fui.
Con 52 años y trabajando de lo que puedo, fui honesta. ¿Y sabéis qué? No pasó nada. Nadie me miró raro. Solo hubo sonrisas y la sensación interna de haber hecho lo correcto.
Eso sí, mis dos señoras un poco “locas” a veces me marean: un día perfecto, al siguiente con mil historias y cambios de humor. Pero ahí estoy, sobreviviendo y riéndome un poco de todo. Y la verdad… hasta me da material para el blog. Seguro que alguna anécdota con ellas os terminaré contando. 😉
¿Alguna vez habéis sentido vértigo al decir la verdad sobre vosotros mismos?

No hay comentarios:
Publicar un comentario