Antes os hablaba de mis hermanas, biológicamente hablando…
pero ¿y esas “hermanas”, esa familia que, sin ser nada, se convierte en algo… en todo?
Vosotros me entendéis, ¿no?
Hablo de las amigas.
Tengo la suerte de tener buenas amigas. De esas con las que sabes que puedes contar en cualquier momento y a cualquier hora del día. Con las que puedes compartir un vinito… o una mudanza. Y hasta una borrachera 🥴.
Amigas que te sostienen, que no te dejan sola, con las que puedes ser tú sin filtros, sin miedo. Que, si estás pasando una mala racha, se acercan a tu casa solo para darse un paseíto contigo.
Pues una de ellas es Tere.
Que más que amiga, se ha convertido en hermana… otra hermana más, como ella dice.
La quiero mucho. No la veo tanto como me gustaría, pero sé que está ahí. Y eso basta.
La conocí gracias a una actividad a la que me apunté al azar. Tras una pregunta mía, una observación suya… y un pequeño recelo por mi parte, nos hicimos grandes amigas.
Os cuento la anécdota.
Una mañana, hace ya bastante tiempo, tomé una de las mejores decisiones de mi vida: me apunté con un grupo a visitar la Fábrica de Moneda y Timbre. Me interesaba saber cómo se hacía el dinero… ya sabéis que soy inquieta y me encanta aprender cómo se hacen las cosas.
Empezó la actividad. No nos conocíamos ninguno, ni sabíamos a qué nos dedicábamos. Éramos completos desconocidos compartiendo una experiencia nueva.
Nos explicaban las máquinas, los protocolos, la rutina diaria… y en un momento dado yo dije: —Me encantaría saber cómo y dónde se hace el dinero.
Y ella respondió: —Pues yo acabo de hacer un curso de falsificación de monedas.
Silencio.
Mi cara tuvo que ser un poema. Siempre se ríe recordando cómo la miré, como diciendo:
“¿Pero… de dónde ha salido esta?”
Gracias a esa pregunta y a mi cara de susto, se me acercó y me dijo bajito: —Soy poli.
Ahí lo entendí todo. No estaba delante de una ladrona 😅.
Empezamos a hablar y descubrimos que teníamos muchísimo en común: formas de ver la vida, gustos, prioridades… Y así, quedada tras quedada, nos hicimos grandes amigas.
Muchas veces me paro a pensar cómo habría sido mi vida si no la hubiera conocido. Y tengo clarísimo que, desde que llegó, ha sido una persona muy importante para mí.
Nunca olvidaré cuando mi abuela estaba muy malita y yo no tenía ganas de salir. Siempre he tenido una conexión muy especial con mi abueli…
Tere venía a mi barrio, a dar una vuelta, a que me diera el aire. Sin prisas, sin forzar. Simplemente estando.
Por eso os animo a que, si tenéis a alguien así en vuestra vida —o si sois ese apoyo para alguien—, se lo agradezcáis de alguna manera.
Porque eso es un tesoro.
Un tesoro en la tierra.

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